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El dinero no compra el amor pero sí apoya actos de amor
Escrito por Guido Rosas   
El dinero es un elemento relevante en la sociedad occidental en que vivimos. Y si menciono ésta, es debido a que tal vez somos una de las culturas que más importancia le da a la moneda y a todo cuanto se adquiere con ella. Sin embargo, en muchas ocasiones,  una vez que se han cubierto los elementos básicos como techo, alimento y abrigo, no nos percatamos de que lo demás puede ser irrelevante. Con esto, no quiero decir que no debamos tenerlo o disfrutarlo. A mí me gusta poseerlo por la cantidad de cosas que pueden adquirirse con él, pero aun así, quiero hacer una breve reflexión de lo que el dinero compra más allá de lo tangible o de lo que superficialmente puede pensarse.

Vemos dos playeras idénticas: misma calidad de algodón, mismo color, misma textura, fibra, etcétera. Incluso, pensemos que han sido maquiladas en el mismo taller de algún país oriental, sólo que una fue a parar a una empresa de un afamado diseñador francés, italiano o alemán y, la otra, a una sencilla compañía de un pequeño país americano. En algún momento,  ambas prendas coinciden en un centro comercial y descubrimos que sólo hay una diferencia entre ellas: la del diseñador muestra un logotipo que a quien la compra, le permite evidenciar que “no se trata de una prenda cualquiera”, porque su costo es de $259 dólares, mientras que la otra no exhibe logotipo alguno y además es de una marca desconocida, lo cual le da el valor de sólo $15 dólares. ¿Qué compra el cliente? ¿Una prenda de vestir bonita y bien terminada? ¿O un logotipo que pone de manifiesto cierto “poder” económico?

Estamos tan enfermos de  consumismo, que hemos perdido el real sentido del valor del dinero. Nos perdemos en lo superfluo sin antes reparar en que una moneda llega a tener un valor incalculable cuando las usamos con un sentido profundo.

Hay quienes piensan que con dinero es posible comprar  amor, afectos, amistades… ¿Es cierto? Desde luego que no. Sin embargo, existen acciones que pueden parecer “frívolamente compradas”, cuando en realidad si vamos más allá de la superficie, podremos descubrir que se trata de verdaderos actos de amor.

Federico atravesaba una situación económica muy difícil. Estaban a punto de correrlo de su departamento, pues debía tres meses de renta. Roberto, un amigo suyo, sin decirle nada, acudió a la administración del edificio y pagó un mes de renta. Cuando Federico se presentó para llegar a un acuerdo con el administrador,  acerca de cómo liquidaría los tres meses pendientes, se enteró de lo que Roberto había hecho. ¿El amigo de Federico compró el afecto de éste? ¿En realidad ese pago equivalió a únicamente un mes de renta? ¿Ese amigo se desprendió simplemente de algo tan fatuo como unos miles de pesos? Las respuestas son: NO, NO y NO.

Roberto no compró el afecto de su amigo, puesto que ya contaba con ése. Lo que adquirió, tal vez sin darse cuenta,  fue el profundo agradecimiento por parte de Federico, quien recibió muchísimo más que  el contar con un mes de renta. Roberto compró para él tranquilidad, tiempo, el mantener un espacio donde podría pensar con más claridad cómo lograría resolver su circunstancia financiera. No se trató simplemente de dinero. Ésa entrega le significó privarse de algún beneficio personal, le significó aportar el producto de su trabajo y de su esfuerzo para que, a cambio, su amigo se sintiera mejor. Le proporcionó el beneficio de quien ama.

Es lamentable que no nos percatemos de que el dinero no sólo compra cosas,  aun cuando así lo parezca. El dinero también compra emociones y sensaciones; compra elegancia, poder, tranquilidad, felicidad. Pero esta última debe entenderse como sinónimo de enriquecer momentos que en sí mismos podrían ser muy valiosos.

Seguro estoy de que un café de siete euros en la plaza de San Marcos de Venecia, en medio de una soledad amarga y de una lamentable tristeza, nunca podrá ser mejor que un café de menos de un euro en un espacio nada espectacular, pero en compañía  de alguien a quien quieres y con quien es un placer estar.

Es importante aprender que cuando alguien hace algo por ti, no debes perderte en la superficie monetaria pensando que es una salida fácil de quien te ha dado algo, sino que no pierdas de vista el verdadero acto de amor y de generosidad implícito en la acción de quien te quiere. Te invito a buscar en lo profundo dónde está el sincero acto de amor, a fin de que cuando des algo de ti, lo hagas despojado del egocéntrico deseo del poder superfluo de comprar, y entonces descubras dónde se encuentra lo más profundo de tu acto amoroso.

Cuando llegamos al inmenso valor de las cosas,  más fácil es comprender que el Caballero don Dinero cobra más valor cuando comprendemos que más que un fin, el dinero es un medio para construir mejores circunstancias y mejores emociones en todo sentido.

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Guido Rosas

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