Guido Rosas

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¿Estás vivo o sólo respiras?
Escrito por Guido Rosas   

 

Obama viene a México, enormes dispositivos de seguridad se establecen para proteger al presidente de EE.UU.  Uno de los puntos más relevantes de su reunión con el mandatario mexicano es tratar el enorme problema de tráfico de drogas en la frontera. Drogas salen, armas entran, un movimiento de lo prohibido. Todos hablan, todos opinan acerca de ello como también lo hacen respecto a la crisis internacional. Muchos afirman que el mayor número de consumidores de drogas está en el otro lado, que de no existir ésos, la situación sería distinta. ¿Pero acaso en este lado no hay un gran consumo?

Recuerdo la invitación que hace algún tiempo acepté para charlar con un grupo de consumidores de “drogas recreativas”. Logré establecer con ellos una charla amigable, sin censuras, sin cancelar sus puntos de vista, abierto a escucharlos tomando en cuenta que en lo personal y en mi profesión, siempre debo tener presente la importancia de escuchar poderosamente. Hablamos de la vida, de sus experiencias, de drogas en general, y de la más defendida de ellas: “la hierba buena”. De ahí, surgieron comentarios como:

“Se ha comprobado que es más sana que el tabaco, y el tabaco sí está permitido”.
“¿No acaso es peor el alcohol, que destruye familias enteras?”
“Vi un documental de televisión, en el cual se informaba acerca de sus muchas bondades curativas y medicinales”.
“Nunca he faltado a mi trabajo por fumar, lo hago como diversión”.
“Toda la semana cumplo con mis compromisos y trabajo como loco; por lo tanto, ¿a quién le importa si el fin de semana me pongo hasta… el copete?”.
“Es barata y no causa cruda”.
“Yo puedo dejarla cuando quiera”.
“Cualquier programa de televisión es bueno después de darle cinco caladas al cigarrito”.

Yo, río con ellos y,  más que hablar, escucho. No pretendo parecer mojigato ni tampoco moralino. Reconozco que mi experiencia radica en la comunicación humana y no en el tratamiento de adicciones a estupefacientes.

–¿Y tú no vas a decir algo? –me preguntó Juan.
–Quiero hacer tres preguntas –respondí tranquilo.

Les di papel y lápiz para que anotaran mis preguntas, las cuales debían responder de forma anónima y después meterlas en un sobre. 

1.    Ve al fondo de tu corazón o como desees llamarle a esa búsqueda interior, e independientemente de la justificación o de lo que tus compañeros puedan pensar de ti, responde cuál es en realidad la razón por la cual fumas.
2.    ¿Realmente no estás perdiéndote de algo a causa de “ese viaje con drogas recreativas”?
3.    Si al llegar la noche o el fin de semana, te sintieras pleno y feliz con la vida que has construido, ¿de todas formas emprenderías “ese viaje”, abandonando tu realidad plena y feliz?

Dadas las circunstancias que hoy vivimos, y con el recuerdo de aquella sesión, me he detenido a reflexionar respecto a lo que está ocurriendo en nuestra sociedad del siglo XXI.
Sé que estas drogas tienen muchos efectos y nombres como tacha, ácido, coca, marihuana, piedra, cristal, éxtasis… e, igualmente, puedo referirme al tabaco, al alcohol, a los antidepresivos. Sin embargo, también tenemos otras adicciones llamadas consumismo, relaciones codependientes, miedo, así como la adicción a quejarnos, a sufrir, a justificarnos.
En gran número de casos parece mucho más fácil evadirse que afrontar la realidad. Por ejemplo, en un centro comercial saturar la tarjeta de crédito para salir con bolsas que a los ojos de los demás y momentáneamente, muestran poder, un poder como reyes de ese consumismo tan de moda hoy en día. Pero esto es tan sólo una parte de todo aquello que nos genera adicciones que nos distraen y, a cambio, no resuelven nuestras circunstancias reales.
Lo observo en primera persona y me hago algunas preguntas que he deseado compartir contigo, independientemente de las creencias que cada uno de nosotros pueda tener.

•    ¿Disfruto mi vida día a día?
•    ¿Estoy haciendo lo mejor que de mí depende para vivir cada día con la mayor plenitud posible?
•    ¿Cuáles son mis adicciones, esas cuyo costo a fin de cuentas es superior a lo que me proveen (a pesar de que las justifique espléndidamente)?
•    ¿Dónde están mis áreas de oportunidad para vivir mejor?
•    ¿Cómo puedo empezar el día de hoy a vivir mejor, más allá de todos mis “no puedo”?

Me di el tiempo, como se lo pedí a ese grupo de jóvenes, de responder desde mi anonimato y me sorprendí de las respuestas que encontré aun cuando siempre me describo como una persona feliz. Gracias a ellas aparecieron nuevas áreas de oportunidad en mi vida.
Te invito a hacerte las mismas preguntas, a jugar el juego y con él ir a por más y mejores cosas en tu vida. Abogo por la conciencia, por escucharnos poderosamente a fin de buscar qué hacer y hacerlo.
Toda esta reflexión partió de una pregunta que el otro día escuché, la cual llamó mi atención y con la que cierro esta nota: ¿Estoy viviendo la vida o sólo respirando mientras muero?

 

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