| El poder y la autoridad |
| Escrito por Guido Rosas | |||
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EXISTE UN GRAN número de personas que ejercen la fuerza del poder desde sus distintas posiciones, como dueños, directores, gerentes o cualquier puesto donde supervisen gente, pero, ¿necesariamente esas personas son líderes? ¡Por supuesto que no! Y esto no implica, por supuesto, que en su nueva actividad pueda tener el mismo resultado. Por lo general, los peores casos se dan en las puestos otorgados por compadrazgos, por amistades, por recomendaciones impuestas, etcétera
Para mí esto supone una gran diferencia y es por ello que mencioné que ser jefe no necesariamente implica ser líder. Ejercer el poder no requiere necesariamente inteligencia sino al contrario, casi siempre va más ligado a los caprichos personales o los anhelos que requieren satisfacción impuesta de quien demanda cumplimiento a sus peticiones. Un ejemplo puede ser un bebé, el cual poro a poco va descubriendo cómo obtener algo de sus padres a partir de gritar, llorar y ordenarles impulsivamente. Son estrategias que la mayoría de las veces funcionan para que ellos cumplan sus anhelos.
El poder se obtiene de muchas formas, puede darse o quitarse de un momento a otro. Se compra, se vende y se negocia junto con cantidad de intereses que pueden ser comerciales o de intercambio. El hijo de un empresario puede ser poderoso por el simple hecho de ser su hijo, pero claro está que esto no significa que él tenga autoridad. La autoridad tiene que ver con una parte mucho más humana, tiene que ver con quien tú eres, la clase de persona que eres y con la influencia que has ido creando en la gente. Es evidente que existen ocasiones en las cuales hay que ejercer el poder, pero asumirlo con conciencia puede crear una diferencia. Grandes líderes son lo que forjan su fuerza en influir en otros que los siguen y comparten una meta y una misma visión. Con poder se pueden obtener muchas cosas, es verdad, pero también pueden perderse muchas otras y entre ellas está la verdadera relación, la real y profunda relación que puede establecerse con otras personas de las cuales requerimos algo, así como mantenernos en contacto para llegar adonde soñamos llegar. El poder desgasta las relaciones. La autoridad nutre a la gente permitiéndole sentirse parte de nuestra visión. Es obvio que el corazón de cada persona pertenece a cada una de ellas, el derecho de comprometerse con convicción y determinación, el asumir un verdadero compromiso tras alguna causa, el ir por lo que uno hace o busca lograr con verdadero deseo de hacerlo. Nada de esto puede comprarse. Se compra acciones, obediencia y cumplimiento de órdenes. El corazón, el compromiso, la convicción y la creatividad de un individuo se obtienen con autoridad e influencia.
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