Guido Rosas

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¡Cuánta falta nos hace!
Escrito por Guido Rosas   

Hace algunos meses, tras visitar Costa Rica escribí un artículo llamado “Pura Vida” (puedes encontrarlo en la sección de Artículos/Autoliderazgo). En el artículo hacía referencia a la experiencia de vivir día a día y gozar la vida como lohacen los “ticos”.

Hoy me llevé una agradable sorpresa al leer el mensaje que el presidente Oscar Arias de Costa Rica presentó en La Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago.
El presidente Arias habló de cómo los latinoamericanos hemos puesto freno a nuestro propio avanceperdidos en el sometimiento de nosotros mismos y en consecuencia de otros países del mundo. Siempre pretextando y viendo la paja en el ojo ajeno sin ver la viga del propio.

El presidente Arias habla de lo importante de educarnos y yo diría AUTO EDUCARNOS, siempre he pensado que México, país donde nací y dondevivo, posee una inmensa riqueza en muchos sentidos y que nos falta mucha formación en lo que a pensar con calidad para actuar con calidaden consecuencia se refiere. No quiero extenderme, prefiero compartir contigo el discurso del presidente Arias y te incito a reflexionar sobre él. Vale la pena.

MENSAJE DEL PRESIDENTE ARIAS: 

Tengo la impresión de que cada vez que los países caribeños ylatinoamericanos se reúnen con el presidente de los Estados Unidos de América, es para pedirle cosas o para reclamarle cosas. Casi siempre,
 es para culpar a Estados Unidos de nuestros males pasados, presentes y
 futuros. No creo que eso sea del todo justo. 
No podemos olvidar que América Latina tuvo universidades antes de que 
Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, que son las primeras
 universidades de ese país. No podemos olvidar que en este continente,
 como en el mundoentero, por lo menos hasta 1750 todos los americanos
 eran más o menosiguales: todos eran pobres.


Cuando aparece la RevoluciónIndustrial en Inglaterra, otros países se 
montan en ese vagón: Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá,
 Australia, Nueva Zelanda… y así la Revolución Industrial pasó por
 América Latina como un cometa, y no nos dimos cuenta. Ciertamente 
perdimos la oportunidad.
También hayuna diferencia muy grande. Leyendo la historia de América 
Latina, comparada con la historia de Estados Unidos, uno comprende que Latinoamérica no tuvo un John Winthrop español, ni portugués, que viniera con la Biblia en su mano dispuesto a construir “una Ciudad sobre una Colina”, una ciudad que brillara, como fue la pretensiónde
los peregrinos que llegaron a Estados Unidos.


Hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un paíscomo 
Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Coreadel
 Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, 
y hoy Singapur –en cuestión de 35 ó 40 años– es un país con$40.000 de
 ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal loslatinoamericanos. 
¿Qué hicimos mal? No puedo enumerar todas las cosasque hemos hecho
 mal. Para comenzar, tenemos una escolaridad de 7 años. Esa es la
 escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría
 de los países asiáticos. Ciertamente no es el caso de países como
 Estados Unidos y Canadá, con la mejor educación del mundo, similar a 
la de los europeos. De cada 10 estudiantes que ingresan a la secundaria en América Latina, en algunos países solo uno termina esa 
secundaria.
Hay países que tienen una mortalidad infantil de 50 niños
 por cada mil, cuando el promedio en los países asiáticos más avanzados
 es de 8, 9 ó 10. 
Nosotros tenemos países donde la carga tributaria es del 12% del
 producto interno bruto, y no es responsabilidad de nadie, excepto la 
nuestra, que no le cobremos dinero a la gente más rica de nuestros 
países. Nadie tiene la culpa de eso, excepto nosotros mismos.

En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que 
un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano 
es 10, 15 ó 20 veces más rico que un latinoamericano. Eso no es culpa
de Estados Unidos, es culpa nuestra.
En mi intervención de esta mañana, me referí a un hecho que paramí es 
grotesco, y que lo único que demuestra es que el sistema devalores 
del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo enpráctica 
también en el siglo XXI, es un sistema de valores equivocado.Porque 
no puede ser que el mundo rico dedique 100.000 millones dedólares 
para aliviar la pobreza del 80% de la población del mundo –enun 
planeta que tiene 2.500 millones de seres humanos con un ingreso de$2 
por día– y que gaste 13 veces más ($1.300.000.000.000) en armasy
soldados.


Como lo dije esta mañana, no puede ser que América Latina segaste
 $50.000 millones en armas y soldados. Yo me pregunto: ¿quién esel
 enemigo nuestro? El enemigo nuestro, presidente Correa, de esa
desigualdad que usted apunta con mucha razón, es la falta deeducación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud denuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, loscaminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamosdedicando los recursos necesarios para detener la degradación delmedio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos
avergüenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que noestamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas.
 Uno va a unauniversidad latinoamericana y todavía parece que estamos
 en lossesenta, setenta u ochenta.

Parece que se nos olvidó que el 9
 de noviembre de 1989 pasó algomuy importante, al caer el Muro de
Berlín, y que el mundo cambió.  

Tenemos que aceptar que este es un
 mundo distinto, y en esofrancamente pienso que todos los académicos,
 que toda la gente depensamiento, que todos los economistas, que todos
 los historiadores,casi coinciden en que el siglo XXI es el siglo 
de los asiáticos, no delos latinoamericanos. Y yo, lamentablemente, 
coincido con ellos.Porque mientras nosotros seguimos discutiendo
sobre ideologías,seguimos discutiendo sobre todos los “ismos” (¿cuál
es el mejor?capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo,
 neoliberalismo,socialcristianismo...), los asiáticos encontraron un
“ismo” muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es
 elpragmatismo.

Para solo citar un ejemplo, recordemos que cuando
Deng Xiaopingvisitó Singapur y Corea del Sur, después de haberse dado
 cuenta de quesus propios vecinos se estaban enriqueciendo de una 
manera muyacelerada, regresó a Pekín y dijo a los viejos camaradas 
maoístas quelo habían acompañado en la Larga Marcha: “Bueno, la
 verdad, queridos camaradas, es que mí no me importa si el gato es 
blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones”. Y si
 hubiera estado vivo Mao, se hubiera muerto de nuevo cuando dijo que “
la verdad es queenriquecerse es glorioso”. Y mientras los chinos 
hacen esto, y desde el 79 a hoy crecen a un 11%, 12% o 13%, y han
 sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos
 discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace
 mucho tiempo atrás.


La buena noticia es que esto lo logró Deng Xioping cuando tenía74
 años. Viendo alrededor, queridos Presidentes, no veo a nadie queesté
 cerca de los 74 años. Por eso solo les pido que no esperemos acumplirlos para hacer los cambios que tenemos que hacer.


Muchas gracias.

Tras leer el mensaje pensé que si nuestros hijos siguen pensandoigual que nosotros, discutiendo igual y buscando pretextos yexplicaciones que nada solucionan, como lo hacemos en muchas yrepetidas ocasiones, será muy difícil generar un cambio en nuestrospaíses. ¿Por qué no iniciar trabajando una mejora personal y continuade nuestra forma de pensar, actuar y trabajar para que podamos darmejores herramientas en días y años venideros, así como disfrutar mejorcalidad de vida y proveer un mejor mundo a nuestras futurasgeneraciones.  


Sé que hoy tenemos una inmensa oportunidad, sólo hay que tomarla y trabajar en auto educarnos. Eso es desarrollo humano.

Podemos reinventarnos una y mil veces, y no creo que se trate de buscararmas, sino herramientas que construyan. Seguro estoy.
 

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