El dinero es un elemento relevante en la sociedad occidental en que vivimos. Y si menciono ésta, es debido a que tal vez somos una de las culturas que más importancia le da a la moneda y a todo cuanto se adquiere con ella. Sin embargo, en muchas ocasiones, una vez que se han cubierto los elementos básicos como techo, alimento y abrigo, no nos percatamos de que lo demás puede ser irrelevante. Con esto, no quiero decir que no debamos tenerlo o disfrutarlo. A mí me gusta poseerlo por la cantidad de cosas que pueden adquirirse con él, pero aun así, quiero hacer una breve reflexión de lo que el dinero compra más allá de lo tangible o de lo que superficialmente puede pensarse.
Muchas veces planeamos metas que se quedan en sueños o, si acaso, en el primer intento. Claudicamos al primer error y no nos percatamos que nuestros proyectos estuvieron mal planteadas desde el inicio. En esta reflexión te incito a lograr metas menores que te lleven a resultados mayores.
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Muchas veces lamentamos no poder tener mayores ingresos sin percatarnos que a partir de determinados vicios en nuestra forma de gastar podríamos tener más oportunidades para gozar del dinero que recibimos. No todo está en generar más de lo que percibimos actualmente, hay otras opciones que siempre están a nuestro alcance. No basta con quejarnos del alto precio de las cosas y de la vida en general, hay que aprender a optimizar nuestros ingresos y a generar nuevas opciones de consumo y pagos.
Muchas veces el dinero se fuga de nuestros bolsillos propiciado por malos hábitos al gastar. Un claro ejemplo es la de las deudas de las tarjetas de crédito: Uno compra o paga algo, va subiendo la tarjeta, aporta los montos mínimos exigidos por la institución de crédito y no se percata de que la mayoría de ese dinero va al pago de intereses y sólo una pequeña parte va a pago del capital de la deuda.
Mientras más dinero nos entra, más deudas tenemos, entonces ¿cuándo llegamos a ser realmente libres financieramente?
Veo cada vez más personas que se pasan la vida gastando más de lo que perciben, y por más que ganen, siempre tienen más problemas financieros; el dinero no les alcanza, y, además de todo, su futuro está más comprometido con préstamos a largo plazo.
Me parece lamentable leer que de acuerdo al Banco Mundial, México es el país con los bancos más caros de América Latina, seguido por Chile. Creo que gran parte es culpa nuestra por no exigir o cuidar el poco o mucho dinero que invertimos en dichas instituciones.